
Derrame de Pemex en el Golfo: dos meses de opacidad y lo que muestran los satélites
Primera semana de febrero. Una mancha negra en el Golfo de México. Pemex dijo que no era suya. Entre esa negación y el 17 de abril, cuando por fin admitieron que sí, pasaron más de dos meses. Dos meses de teorías extrañas, datos sellados y una pluma de hidrocarburo que siguió creciendo mientras las ruedas de prensa hablaban de barcos fantasma.
El día de la admisión las preguntas operativas seguían sin respuesta. Cuánto se derramó. Dónde está el punto de falla. Cuál fue la causa raíz. Nada de eso se publicó. Una "aceptación de responsabilidad" sin datos atrás es relaciones públicas, no rendición de cuentas.
El catálogo de explicaciones imposibles
Durante ocho semanas los funcionarios rotaron entre versiones. Primero un "barco no identificado", nunca se publicó el número IMO, nunca se mostró el AIS, nunca se nombró a la compañía. Después aparecieron las "chapopoteras naturales", que sí existen en el fondo del Golfo pero que emiten volúmenes órdenes de magnitud menores a lo que se veía en la superficie. Al final se intentó convertir "derrame" en un debate semántico, como si cambiarle el nombre cambiara la pluma visible en cualquier imagen Sentinel-2 con cielo despejado.
Ninguna de esas hipótesis aguanta una revisión de media hora. Una chapopotera no emite oleadas pulsantes correlacionadas con cambios de presión operativa. Un barco fantasma no deja un rastro que siempre regresa al mismo cuadrante del lecho marino. Y cuando uno cruza las capas disponibles, el origen de la mancha cae a menos de un kilómetro de infraestructura específica de Pemex. Pero cruzar capas requiere que haya capas que cruzar, y ese es el punto.
Los datos internos como arma política
Puertas adentro, la administración trató la información de Pemex como un activo de control de daños. Reportes de producción por plataforma, logs de SCADA, partes de mantenimiento de ductos submarinos, bitácoras de intervención, registros de válvulas, todo bajo reserva. CONAGUA no recibió nada útil. SEMARNAT tampoco. Las cooperativas pesqueras de Tabasco y Campeche vieron cerrada su zona de captura sin que alguien les explicara por qué ni hasta cuándo.
Esto es una decisión operativa. Cuando una empresa estatal enfrenta una contingencia que puede costar un renglón en el balance, la opción política más barata es sellar los sistemas, reinterpretar los hechos y ganar semanas. En el Golfo cada semana son miles de barriles adicionales en el agua. El costo lo absorben los ecosistemas y los pescadores; la agenda mediática se absorbe en otra parte. Operación estándar para entidades que priorizan el control de daños sobre la rendición de cuentas.
Lo que construí
Por eso pasé las últimas semanas armando un verificador independiente. Nada exótico. El valor está en las fuentes abiertas y en cruzarlas bien.
Cuatro capas sobre un mismo eje espacio-temporal.
Imágenes satelitales. Sentinel-1 (SAR, penetra nubes) y Sentinel-2 (óptico, 10m) vía Copernicus Data Space, más NASA GIBS MODIS para contexto de área amplia con granularidad diaria. El SAR es el estándar para detectar hidrocarburo en el mar, el aceite amortigua el oleaje y aparece como una mancha oscura con backscatter reducido. Un poco de álgebra de polarización sobre VV y VH resalta la pluma; el óptico confirma cuando hay cielo despejado.
Polígonos de la mancha. SkyTruth Cerulean vectoriza detecciones SAR de hidrocarburo en todo el mundo y las publica por OGC Features. Filtrados a la ventana del incidente y al cuadrante del Golfo, lo que entregan son polígonos con confianza de detección fechables al día. Eso me ahorró escribir un clasificador propio y me dio serie temporal utilizable desde el primer día.
Telemetría de barcos. Global Fishing Watch API v3, el dataset AIS abierto más grande que existe. Consulté presencia de buques en la bounding box del Sonda de Campeche (-97.5,18.0 a -91.3,21.5) para enero a marzo. Salieron 760+ buques únicos. Después extraje eventos por buque: loitering, visitas de puerto, encuentros barco-a-barco y gaps de AIS. Reconcilié identidades contra el registro de GFW para resolver IMO, bandera y operador.
Infraestructura de Pemex. Rutas de ductos submarinos y posiciones de plataformas desde datos operativos de dominio público. El ducto que termina siendo protagonista, Old AK-C , está en los mapas desde hace años.
Las cuatro capas corren sobre la misma línea de tiempo, con tick de 125 ms para poder raspar la barra por hora. Cuando uno puede mover la hora y ver cómo cambian todas las capas a la vez, la historia se ve sola.
Los números que salieron. 760+ buques en la zona durante la ventana; 24 afiliados a Pemex; 2 dark vessels con AIS apagado en el epicentro durante la descarga pico. 461 eventos de loitering de buques de Pemex y 4,509 del resto de la flota. Y un buque específico que no cuadra con ningún patrón del resto.
La evidencia en dos animaciones
Esto fue lo primero que saltó al cruzar las capas. El buque Arbol Grande (IMO 9264867), un support vessel de buceo y reparación submarina, zarpa el 31 de enero y para el 6 de febrero está anclado exactamente encima del ducto Old AK-C. Se queda parado más de 200 horas consecutivas mientras la mancha amarilla crece desde ese mismo punto. Siete días comprimidos en un GIF:

El "barco no identificado" de los boletines sí estaba identificado. Nombre, IMO, trayectoria, fechas. Solo no se publicó.
La segunda animación es la misma zona con la imagen Sentinel-1 encima. Ya no es una capa simbólica, es la pluma real vista por el SAR desde órbita, creciendo día por día sobre la posición del barco. El 14 de febrero alcanza su extensión máxima: aproximadamente 50 km² detectados en un solo paso orbital.

Las dos animaciones juntas ponen en el mismo mapa lo que Pemex no ha puesto en ningún comunicado. La posición del Arbol Grande, la ruta del Old AK-C y el origen de la mancha detectada por SAR convergen en menos de un kilómetro. Un barco de reparación submarina, más de 200 horas parado encima de un ducto, durante la ventana exacta en la que arranca la descarga. Ningún otro buque de la flota de Pemex mostró comportamiento comparable en esa ventana. El 2 de marzo la pluma toca costa y 39 comunidades entre Veracruz, Tabasco y Tamaulipas empiezan a pagar la factura de algo que todavía no tiene un responsable con nombre.
El acceso a los datos ambientales no debería requerir permiso
La parte técnica no es difícil. Cualquier persona con una laptop, algo de Python y paciencia puede replicar este análisis en una semana. Copernicus es gratis. SkyTruth Cerulean es abierto. Global Fishing Watch da acceso gratuito a investigadores y periodistas. La barrera es política. El Estado sigue tratando la narrativa sobre cosas que nos afectan directamente, agua, aire, ecosistemas costeros, acuíferos, como si fuera un activo propio, y la ciudadanía ha sido entrenada durante décadas a pedir permiso para mirar.
El Artículo 4° dice ""Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley". No hay ambiente sano defendible si los datos que lo describen están sellados. El Acuerdo de Escazú, que México firmó, exige acceso proactivo y oportuno. Proactivo significa publicar por default, no responder un oficio de transparencia dos meses después.
Mientras tanto, esperar sale caro. Los satélites pasan por encima del Golfo todos los días y las imágenes son públicas. Los polígonos de Cerulean se actualizan solos. Las trayectorias AIS están ahí para quien las pida. La comunidad técnica mexicana tiene todo lo que necesita para montar observatorios ciudadanos sobre infraestructura crítica, oleoductos, refinerías, presas, zonas costeras, y publicar antes de que el gobierno decida si le conviene políticamente hacerlo.
Pemex no va a publicar el volumen real. No va a publicar el punto de falla, aunque ya tiene nombre, Old AK-C. Y difícilmente va a publicar la causa raíz sin un litigio que lo obligue. Pero el barco tiene IMO, la ruta del ducto está en los mapas y la pluma está en la órbita desde febrero. Lo que se ve desde el espacio sí podemos publicarlo nosotros. El derecho a verificar ya existe; lo que falta es usarlo sin seguir pidiendo permiso.
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